Expositores en la vía pública
Turismo de excelencia. En Segur quedaron las dos últimas edificaciones sobre la arena, que se derribaron en la anterior década cumpliendo la ley de costas y ahora te encuentras con sorpresa, y cierta envidia también -porqué no decirlo- que en Andalucía los vecinos y turistas luchan contra el derribo de los chiringuitos playeros. Los que hemos conocido Segur desde casi el principio de su existencia como núcleo turístico recordamos el vermut con los pies en la arena y el sonido del mar. No tiene precio.
El turismo no se consigue quitando elementos de los comercios de la zona, cabreando a los comerciantes, cerrándoles un poco más el grifo de las ventas y mandando a los upas si los comerciantes se manifiestan. El turismo de excelencia no se consigue a base de arrosejats populars, ni pérgolas de quita y pon, ni multando a diestro y siniestro, ni con hermanamientos con ciudades que no las conoce nadie y que a priori cuestan dinero en tiempo de crisis y luego ya veremos qué pasa, ni con toilekans que nunca tienen una sola bolsa, ni poniendo pegas a los comerciantes, ni con grandes planes megalomaníacos sin recursos. Hubo un tiempo en que el turismo de verdadera excelencia venía por si solo, sin necesidad de venderle banderas azules a nadie ni llenarse la boca de excelencia. Y en aquel entonces los expositores estaban en la calle, en la playa había chiringuitos y del ayuntamiento no se decía en los medios de comunicación que tenía más trapos sucios que en una lavandería.
Las poblaciones que son excelentes y tienen turismo de excelencia no necesitan decirlo. Lo tienen y punto.


















