Con cariño y respeto


Esteve es, sin lugar a dudas, mi mejor compañero de cordada desde que me inicié en esta actividad vertical, años ha. Entre él y yo siempre ha existido una camaradería y una compenetración que ya la quisieran Oliver y Benji, los hermanos Pimpinela o Millet y Montull, fruto de largas jornadas dándonos cuerda mutuamente. Así es, nos llevamos notablemente bien y nos conocemos lo suficiente como para descubrir sin problemas los instantes en los que el otro se halla en estado de aturdimiento general colgado ante una vía. Son esos momentos en los que sabes que la mayor ayuda es el silencio, porque si hablas en son de auxilio, la confianza -nacida de tan bellas etapas de lactato y magnesio- hará aparición en forma de ofensas, improperios y tacos variados.

Qué bonita estampa: trabajo en grupo, colaboración y dolor de riñones.

Cuando el que escala es ÉL
Hombres, sois muy pesados (Dios mío, qué estoy diciendo…). Me explicaré desde el cariño y el respeto: Caballeros, es una mala estrategia, para aquellos cuyo peso –de ahí lo de pesados, no os mosqueéis todavía- sobrepasa en un 50% el peso de vuestro asegurador, pedir que os pillen no dejando ni un milímetro de cuerda entre vuestro nudo y el mosquetón, ilusos. Tan difícil es entender que cuando caéis, los aseguradores que pesamos menos, salimos disparados hacia el infinito y más allá –dinamizando la caída, mostraos agradecidos- y que, por tanto, vais a caer mucho más de lo deseado. Tan complicado es darse cuenta que intentar gusanear cuando tienes 4 metros de cuerda por encima de tu cabeza –en medio de un desplome de 30º-, con la inestimable ayuda del peso pluma de tu asegurador, es casi siempre, una tarea ardua a la par que cansina. Aprended la lección de una vez y dejad los resoplidos y las quejas para cuando os tengáis que deslomar, como muchas de nosotras, asegurando a algún lozano elemento de serrano cuerpo -desde el cariño y el respeto, he dicho- que doble vuestro propio peso.

Cuando la que escala es ELLA
El mundo es perfecto cuando la mujer escala y no hay nada más que objetar.

…tras dos días pensando en algo negativo que decir respecto a las escaladoras (y es que durante las primeras 47 horas solo se me han ocurrido agravios para con los hombres; tengo material para escribir mínimo 100 posts, pero mejor me callo)…

Vaaaaale, ya lo tengo, pero no os hagáis ilusiones. Lo que ahora voy a explicar no es exclusivo de la sección femenina de la escalada, aunque sí es más habitual hallarlo en ellas que en ellos. Debo decir, antes de nada y en defensa del propio sexo, que cualquier queja que podamos emitir es siempre suscitada por vosotros y, por tanto, apropiada y merecida. El caso es que, hablo desde la experiencia personal –y desde el respeto y el cariño, ya puestos-, las mujeres no soportamos que nos digan cómo hay que realizar los pasos de una vía cuando, tras intentarlo tal y como nos han dictado,

1- La dislexia nos ataca y, como resultado, no sale el paso y caemos.
O bien,
2- El movimiento es morfológicamente imposible y, como resultado, no sale el paso y caemos.

En ambos casos la culpa es SIEMPRE de él por abrir la boca y, encima, por hacerlo tan mal y confundirnos. Entonces, enfadadas irRacionalmente por la mala calidad de la información, decimos cosas muy feas como por ejemplo: “¿Cómo querías que fuese de ese canto a ese otro? ¡Si no llego! Tendría que haber cogido ese bidedo -que para ti es un monodedo, por cierto-”.
Y si la respuesta es al más puro estilo Poncio Pilato: “pues haberlo cogido, a mi qué me explicas”, entonces ya la habéis cagado para lo que queda de vía y la siguiente, al menos. Perdón, me he equivocado, quería decir que ya la habéis cagado para lo que queda de vida y la siguiente, al menos.

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