Con cariño y respeto
Qué bonita estampa: trabajo en grupo, colaboración y dolor de riñones.
Cuando el que escala es ÉL
Hombres, sois muy pesados (Dios mío, qué estoy diciendo…). Me explicaré desde el cariño y el respeto: Caballeros, es una mala estrategia, para aquellos cuyo peso –de ahí lo de pesados, no os mosqueéis todavía- sobrepasa en un 50% el peso de vuestro asegurador, pedir que os pillen no dejando ni un milímetro de cuerda entre vuestro nudo y el mosquetón, ilusos. Tan difícil es entender que cuando caéis, los aseguradores que pesamos menos, salimos disparados hacia el infinito y más allá –dinamizando la caída, mostraos agradecidos- y que, por tanto, vais a caer mucho más de lo deseado. Tan complicado es darse cuenta que intentar gusanear cuando tienes 4 metros de cuerda por encima de tu cabeza –en medio de un desplome de 30º-, con la inestimable ayuda del peso pluma de tu asegurador, es casi siempre, una tarea ardua a la par que cansina. Aprended la lección de una vez y dejad los resoplidos y las quejas para cuando os tengáis que deslomar, como muchas de nosotras, asegurando a algún lozano elemento de serrano cuerpo -desde el cariño y el respeto, he dicho- que doble vuestro propio peso.
Cuando la que escala es ELLA
El mundo es perfecto cuando la mujer escala y no hay nada más que objetar.
…tras dos días pensando en algo negativo que decir respecto a las escaladoras (y es que durante las primeras 47 horas solo se me han ocurrido agravios para con los hombres; tengo material para escribir mínimo 100 posts, pero mejor me callo)…
Vaaaaale, ya lo tengo, pero no os hagáis ilusiones. Lo que ahora voy a explicar no es exclusivo de la sección femenina de la escalada, aunque sí es más habitual hallarlo en ellas que en ellos. Debo decir, antes de nada y en defensa del propio sexo, que cualquier queja que podamos emitir es siempre suscitada por vosotros y, por tanto, apropiada y merecida. El caso es que, hablo desde la experiencia personal –y desde el respeto y el cariño, ya puestos-, las mujeres no soportamos que nos digan cómo hay que realizar los pasos de una vía cuando, tras intentarlo tal y como nos han dictado,
1- La dislexia nos ataca y, como resultado, no sale el paso y caemos.
O bien,
2- El movimiento es morfológicamente imposible y, como resultado, no sale el paso y caemos.
En ambos casos la culpa es SIEMPRE de él por abrir la boca y, encima, por hacerlo tan mal y confundirnos. Entonces, enfadadas irRacionalmente por la mala calidad de la información, decimos cosas muy feas como por ejemplo: “¿Cómo querías que fuese de ese canto a ese otro? ¡Si no llego! Tendría que haber cogido ese bidedo -que para ti es un monodedo, por cierto-”.
Y si la respuesta es al más puro estilo Poncio Pilato: “pues haberlo cogido, a mi qué me explicas”, entonces ya la habéis cagado para lo que queda de vía y la siguiente, al menos. Perdón, me he equivocado, quería decir que ya la habéis cagado para lo que queda de vida y la siguiente, al menos.


















