El insulto como norma

No es verdad que la polémica levantada por Eduardo García Serrano, contertulio habitual de El Gato al Agua, y que consideró hace unos días que la Consellera de Salut, Marina Geli, es una “guarra”, “cerda”, “zorra repugnante” y una “esprintías” (persona que sodomizaba niños en la antigua Roma), sea una excepción. García Serrano, que dice haber aprendido mucho de su padre, el periodista falangista Rafael García Serrano, dirige un programa en Radio Intercontinental (por cierto, una emisora fundada por el cuñado de Franco) donde hace unos años, en su línea, consideró que Iñaki Anasagasti era un “loco” al que habría que haber echado “a patadas en el culo” del Congreso al reclamar la independencia del País Vasco.

En su opinión, en Francia, que es “una democracia impecable” así lo hubieran hecho porque (¡qué buena democracia!) los partidos que proponen la “ruptura a través de la independencia están prohibidos”. En la misma tertulia, y entre risas, consideraba que el senador del PNV, al que pese a nuestras discrepancias le tengo un gran respeto, era un “miserable”, un “tipejo repugnante” que había estado “sentando su asqueroso culo” en las Cortes “sin que un piquete de Alabarderos le partiera la cabeza”.

Lo digo porque después de que hace unos días este licenciado en periodismo dijera lo que dijo, y fuera denunciado por ello, todo el entorno de Intereconomía ha repetido hasta la saciedad que García Serrano ha dado un ejemplo de humildad al disculparse y que el insulto no es la norma… Pues bien, más allá de afirmar si ha cometido un delito al llamar “zorra repugnante” o “esprintías” a una Consejera que hace más de cuatro años elaboró una guía para prevenir enfermedades de trasmisión sexual y embarazos no deseados, lo que sí se puede afirmar es que hay ciertos medios de comunicación que no discrepan; sino que increpan, insultan y generan odio.

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